lunes, 20 de julio de 2009

Cuentos inspirados en una canción, qm

In a sentimental mood

Por Quique Martínez Lee


(Inspirado por la versión de Duke Ellington y John Coltrane. Para mejores resultados, ponerla de fondo al leerlo)

http://www.youtube.com/watch?v=sCQfTNOC5aE

La conocí como una toma estática actualizada cada dos segundos. Se acercaba a un ritmo irregular entre el ir de luces rojas y el venir de luces blancas. Lo sabía por la variación errática de la distancia recorrida en cada fotografía. Parecía que jugaba a dar un salto entre cada paso como una nena, o eso se adivinaba por las arrugas en la falda. Se aprovechaba de no saberse observada para quitarse el pelo de la cara mientras esperaba cruzar la calle.

La tecnología me daba licencia para espiar a través de una cámara de tráfico, adormecido por el brillo de la pantalla de un ordenador. Esperar en soledad es aterrador cuando apremia el silencio. Hoy disfrutaré mi miedo.

Mañana lloverá. Restaré unos minutos a la hora de adelantarme y me enfrentaré al enjambre nocturno de oficinistas en automóvil. Las gotas golpearán el parabrisas dejando marcas que me forzarán a acercarme al vidrio para poder verte de nuevo. Antes de atravesar la calle te encontraré bajo un paraguas. Y tú me obsequiarás una sonrisa.

En el camino de regreso observaré en reserva cómo tu rostro se interrumpe por la eternidad de una milésima de segundo. Y me alegraré de verte iluminada por el brillo del semáforo de nuevo con la ansiosa certeza de que la oscuridad me privará de tu imagen cuando vuelva a pasar el parabrisas.

Ya en el apartamento inventaremos otra vez el piano mientras nos desnudamos. Me preguntarás qué hay de cenar. Pediremos chino. Y mientras nos damos comida con palillos celebraremos nuestro aniversario. Mutuamente.

domingo, 19 de julio de 2009

Cuentos Nocturnos, if

DESIERTO NOCTURNO


Por Ivonne Flores.


La luz del sol decadente se quebró en la cúspide filosa de los cerros. Las chicharras habían cesado su canto y la hora de las criaturas nocturnas se acercaba, mientras las avecillas acurrucadas en sus nidos extrañaban el brillo y la claridad del día, el lapso en que procuran a trinos proclamar su libertad con alarde de plumas, ligereza y alas. Pero como siempre que los astros se insinúan en el oscuro fondo del cielo, el miedo en sus pechos tibios les urgió a refugiarse de la noche, de nosotros.

Salí de mi galeria hacia el profuso espacio de la tierra aún caliente a respirar el vaho amargo de las gobernadoras. Me arrastré sobre las piedras y la arena fosforescente de este trozo de desierto, rozando con mi cuerpo algunos botones del sagrado peyote. Aún a esa hora el calor ascendía como espiral desde abajo del suelo. Como de costumbre, subí hacia el ramaje de un negro mezquite solitario en aquel llano elevado. Oteé con mi lengua el aire del sur. Un vibrar suave y constante alertó a las bestias, era una marcha de hombres en la distancia, que se acortaba. Comencé a deslizarme para ponerme a cubierto, pero en el viento giraban partículas de tu aroma y con éste, tu desamparo. Retorcí mi cuerpo para hacer mas nítida la sensación de tu presencia. Esperé.

La oscuridad terminó de aplastar la tierra; las estrellas eran esquirlas de la mitad rota de la luna. Entonces te vi. Llegaste entre un grupo de hombres sabios, todos vistiendo colores que no hay en estas tierras áridas, brillantes eran como las mariposas que nacen a veces en el lejano ojo de agua, cuando viene la lluvia.

Mientras dos hombres encendían una hoguera, te vi junto con otros comer algunos botones del cactus sagrado. Todos cantaban rasgando el velo silencioso de la noche. Tu permaneciste largo tiempo observando la danza del fuego recién nacido, que con voraces dentelladas desgastaba paciente, persistentemente, la corteza resinosa de los trozos de árboles muertos.

Comencé a llamarte. En medio de las voces de tus companeros y de los chasquidos de la hoguera, no escuchaste mi sonido, sin embargo, obedeciste al magnetismo de mis ojos, que comenzaron a acercarte al solitario mezquite, invisible a tus ojos, pues su delgada silueta habia sido engullida por la masa oscura de la noche. Aunque la lejanía era un abismo negro, cruzaste sin ritmo en tus pasos que chocaban con las piedras diseminadas y con los pequeños arbustos punzantes. Mi mirada siguió jalándote y tu soledad te empujó a lo insondable. Decidiste descansar en una roca plana para confrontarte contigo mismo. Algo comenzó a cambiar en tu alma, en tanto la fuerza del peyote revolvía tus visceras y cambiaba de revés tu pensamiento. Repté abajo, ondulando mi cuerpo cerca de ti. Estabas abstraído entablando un dialogo silencioso con todo el entorno y con el viento.

-Soy una víctima, apenas una partícula destinada al infierno- Dijiste apenas musitando.

-Eres una vida, una fuerza- Te dije con un siseo prolongado.

-Quien eres?- Había angustia en tu voz.

-Soy el símbolo de la sabiduría-

-Te buscaba-

-Me encontraste-

-No puedo verte-

-Habla entonces, escucha también-

Conversamos mucho, las palabras devoraron las horas y allá lejos el cielo cambiaba. En tu rostro, tus ojos eran dos chispas y cada poro de tu piel estuvo conectado con el universo. El cielo comenzó a volverse diáfano y llegó el momento de seducirte, antes de que me delatara la claridad del amanecer, porque entonces yo dejaría de ser solo una voz, un producto de alucinaciones y febriles estados espirituales.

preguntaste algo acerca de la plenitud y la sabiduría.

-La sabiduría es infinita y no se puede contener en el frágil recipiente de tu cuerpo. Necesitas ser ligero para permearte de conocimiento- Respondí.

-Debo entonces morir para ser pleno?

-Solo cierra los ojos y acepta mi regalo- Traté de convencerte.

-Tengo miedo- Balbuceabas.

Titubeaste un poco, pero la duda es un pozo seco y mi promesa fue colmarlo. Te sentaste en la tierra contra la roca, de cara al sur con los ojos cerrados mirando dentro. Subí a tu pecho y tus musculos se contrajeron al contacto frío de mis escamas. Poco antes de que despuntara la mañana, hundí en la blandura de tus carnes mi ponzoña.

La claridad comenzó lentamente a renovar el color de las cosas. Tu sangre tenía el sabor acre de los botones sagrados que aún llevabas en las manos. Mi veneno ígneo recorría palmo a palmo tu cuerpo, bombeado por el ímpetu de tu corazón de adolescente. Te resistías a dejar flotar tu espíritu, todavía no sabias si viniste a perderte o a encontrarte. Tras algunos minutos el elíxir delicado que deposité en tu cuerpo, comenzó lentamente a disolver toda fibra humana, cada duda, cada temor, esperanza y recuerdo, todo dolor.

Finalmente te convertiste en fino rocío, que la ligera brisa matutina diseminó sobre los labios aun cerrados de las flores de las biznagas. En el horizonte se adivinó el fulgor del sol, el dios inclemente que vendría a volatilizar las últimas gotas de tu alma. El último vestigio de tu paso por mi vida es el fulgor de tus huesos blanqueados por la luz de incontables días.



Glosario

Biznaga: Pertenecen a la familia Cactaceae y se conocen tres distintos géneros: Echinocactus, Ferocactus y Melocactus. Como el resto de los cactos, las biznagas tienen flores grandes, aromáticas y de alegres colores que son un deleite visual y gustativo para mariposas, colibríes, murciélagos, abejas y abejorros.


Chicharra:
Insecto de color verde oscuro, cabeza gruesa, ojos salientes y cuatro alas transparentes que produce un sonido estridente.

Gobernadora
(larrea tridentata). Su nombre común “Gobernadora”, responde a la característica que posee de ser una planta dominante en el desierto. Sus variados usos medicinales y su adaptación para sobrevivir a condiciones extremas de aridez, hacen honor a su peculiar nombre. Este arbusto es conocido principalmente en los estados del norte de nuestro país (Mexico).

Mezquite
(Prosoppis laevigata): Árbol muy importante en la vida de los pueblos del norte de México y el suroeste de los Estados Unidos. Al ser una especie que crece de manera natural en este árido territorio, les brindó durante siglos alimento, cobijo y protección a los habitantes de dicha área geográfica.

Peyote (
lophophora wiliamsii) Planta cactácea originaria de Centroamérica,de unos 15 cm de altura,con tallo cilíndrico,sin púas y con flores de color rosa,de la que se extrae el alcaloide llamado mezcalina o mescalina,usado como droga alucinógena principalmente por los pueblos autóctonos y es también una planta enteógena utilizada en ritos de penitencia y revelación en la comunidad huichola.

Cuentos inspirados en una canción, i

Fué tanto amor fué tanto amor
fué tanto tanto tanto amor
que no encuentro un momento pa olvidar

Miguel Bosé

Clasificado

Por Ixmucané

BUSCO un momento para olvidar.

Tres habitaciones, una por cada año que pasamos juntos.

Una terraza para tirar todos los momentos, desde el primer beso aquel verano, hasta la última llamada de despedida, ayer por la tarde.

Una sala para ver, llorar y romper las fotos de nuestros viajes a Paris, a Petén y a Pana.

Un comedor con estufa para calentarme el alma y refri para enfriar las emociones contrarias que me provoca el verte y no tenerte.

Un baño con capacidad suficientemente grande para contener las lágrimas que se acumulan noche a noche cuando pienso que le estás dando a ella, lo que tanto disfrutamos juntos.

Deberá estar localizado lo más lejos de posible de su corazón pero con acceso directo al mío.

Y por útlimo, si fuera posible, con un barcito cercano para que dentro de unos meses, ya adaptada a mi nueva morada, pueda tomarme el último trago amargo, cerrar este capítulo y brindar por un nuevo comienzo.

Se agradecerá cualquier información.

miércoles, 15 de julio de 2009

para comentarios y otras cosas

saluuuudos!!!

treceaba entrega, cuentos inspirados en una canción, CZ

Cuando Dios creó el Coffebreak*
(Cualquier parecido con la realidad es obra de la pérfida casualidad)


Por Cristina Zuleta


Sabiendo Diosito, con su omnipotente sabiduría, del cansancio laboral de largas jornadas de: oficinistas burócratas, secretarias sexys y no tanto, albañiles chorreantes de sudor, escritores con bloqueos o caos cerebrales, músicos que ensayan incontables veces la misma canción con afán inútil de alcanzar la perfección, pintores mareados por el olor del thinner y otras sustancias. Por todos ellos, todas ellas y muchos más Dios nos dio una pausa para tomar el café, actualmente mejor conocido en algunos ámbitos latino americanos alta y misteriosamente influenciados por la cultura de un país de habla inglesa situado al norte de La Nueva España, como Coffeebreak. Antes de esto, lógicamente, creó el café. Esa bebida traicionera y exquisita, que unos saben preparar, otros solo malgastan su preciada esencia haciendo una especie de agua caliente de color parecido al café, que ofende a todos aquellos practicantes incansables y experimentados del Coffeebreak. En cierto año, hace algún tiempo y tampoco tan escazo, se organizó una rebelión contra Dios, el caos y la desesperación de los insurgentes era tal que no supieron explicar al preguntarles cuál era la suscitada demanda o incorformidad. Resulta que este grupo de gente era de cierta religión que prohibe el consumo del café y permite deliberadamente la poligamia, Dios comprendió, con su omnipotente sabiduría, tan garrafal error de carácter humano y no celestial, para aclarar, y les presentó a aquellos que estuvieran dispuestos a sacrificar su ocurrente ideología al inigualable mencionado; la irresistible pausa para tomar un cafecito, decimos con toda la autoridad, como Dios manda.
Las estadísticas indicaron que el ochenta y ocho por ciento de los rebeldes aceptaron la negociación. El resto se conformó con la poligamia y las camisas bien planchadas, además se dice que fueron sutilmente amenazados. Con este y otros acontecimientos dicha costumbre quedó propiamente propagada, salvo en aquellos países de producción cafetalera escaza o nula, donde sin ningún contratiempo es sustituido por otras sustancias con las mismas propiedades.
Años después, al tiempo con cambios históricos relevantes, sucedió lo sucedido. Inventasen los hombres, aprovechándose de la nobleza del Todopoderoso, sustancias etílicas alteradoras del juicio. Analizando la cuestión desde los cielos,a El Grande le pareció buena idea, pero poco después se dio cuenta de los efectos secundarios y pensó que no era nada astuto, pero viendo que el humano asumía de buena gana las consecuencias...Decidió ocuparse de otros asuntos y dejar a la humanidad por si misma descubriendo sustancias destinadas a usarse a fin de apaciguadoras de la frustración y la inconformidad o acercamientos efímeros y diminutos a la divinidad universal. El café, sin embargo, no ha perdido por esto su carácter de bebida de primer orden.

*Inspirada en una de mis canciones predilectas, When good created the Coffeebreak de Esbjorn Svensson Trio.

doceaba entrega: cuentos nocturnos, qm



Cuentos nocturnos

ENCUENTROS CERCANOS

Por Quique Martínez Lee


Mi mamá no tuvo otro tema, luego de esa noche durante la novela de las nueve. Ambas concentradas a medias. Yo, en el suelo, terminando de poner banderitas sostenidas con bolitas de papel de baño y goma al lado de los ríos dibujados con lana celeste sobre un mapa pintado con témpera en una tablita. Ella, trabajando cuellos frente a la mesa del comedor, con una combinación de almidón y agua disueltos en una bomba y cuidadosamente presionando la plancha contando mentalmente los segundos necesarios para endurecerlos.

Anunciaron la presentación de las diez. Una famosa obra de Steven Spielberg acerca de desapariciones misteriosas y nuestras relaciones con el universo. “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo”. Mi madre sonrió. Pocas cosas la hacían feliz y generalmente eran detalles insignificantes. Cuando estuvo en el cine, me contó, le pidió a mi papá que la llevara pero “no se pudo”. Y, bueno, la cena estaba lista para ser recalentada, ella frente al televisor y la película a punto de ser transmitida. Yo hubiera querido acompañarla pero me ganó el sueño sobre el río la Pasión. Ella ya estaba perdiendo peligrosamente la cuenta.

Los siguientes días habló muy poco, casi lo necesario. Sucedía a veces. Se quedaba pensando. Luego generalmente se acercaba para darme alguna muestra de cariño.

Al cabo de una semana pasó. Encontró en el supermercado una revista especializada en otros mundos. Empezó a leerla en la caja y continuó a tropezones en el camino de regreso. En la casa no tenía mucho tiempo pero sus idas al baño, en las cuales aprovechaba, se hicieron más frecuentes.

En adelante ya no tendría otro tema.

Se notaba en su cara mientras barría. En la extraña forma en que servía las cucharadas de puré de papa. En sus raras conversaciones telefónicas con alusiones a desiertos extranjeros. Pero tuve la certeza una mañana en que ella me entregó la tarea que, una vez más, había terminado por mí la noche anterior. En medio de la maqueta del Sistema Solar, hecho de bolas de duroport, había colgado un pequeño plato de Barbie con ventanitas pintadas. En el colegio lo arranqué con cuidado con la intención de volverlo poner en la tarde, cuando lo trajera de regreso, para que ella no se diera cuenta. Al verlo de cerca, en una de las ventanas, había un diminuto dibujo de la cara de una mujer.

Así supe que ella sabía que los extraterrestres vendrían a recogerla.

Decidí escoger otro mundo también. Uno que no la incluyera a ella. Si no me llevaba en la nave no la invitaría yo tampoco. Me decidí por la sociedad de los sonámbulos. Esos entes que caminan como momias con las manos al frente vestidos con camisones y sombreros con bolita, algunos con una vela en la mano.

En mis noches, me forzaba a entrar al universo de los dormidos y, cuando me acordaba y tenía ocasión, me levantaba a caminar con los brazos estirados. Generalmente mis excursiones incluían un juego imaginario de té en la cocina o la visita a un jardín de osos. A veces encontraba a mi madre viendo un documental. Pero una noche no estaba por ningún lado. Y, mientras continuaba mi expedición pasé por las gradas y la sala familiar. A través del comedor y al lado de la sala. Una luz cegadora salía de la puerta del cuarto de mis padres y con un ojo a medio abrir seguí el camino de los dormidos para entender por qué mi madre esperaba una nave.

Entendí que los extraterrestres no pegan. Y que los sonámbulos estaban mejor dormidos en su cama.

domingo, 12 de julio de 2009

treceaba entrega: cuentos perversos, og

¡Ten Piedad de mí!

Por Orlando Gutiérrez Gross

Piedad abrió la puerta principal de la casa y le hizo señas para que la abandonara, a lo cual el obedeció rápidamente, como perro fiel. Ya no estaba dispuesta a seguir sonriendo cada vez que lo veía, sabiendo que él tenía a otra. Su casa no era motel y cada vez que se le antojaba, regresaba buscando refugio, lo cual ella aceptaba. Pero esto terminaría el día de hoy.

Tenía ya meses de pensar la mejor forma de llevar a cabo su venganza, algo perversa, pero era su única oportunidad para hacerlo reaccionar. No le diría nada, él ya se daría cuenta con el tiempo.

Regresó a su cuarto, buscó un vestido que fuera acorde con su sombrero de alas anchas. Escogió uno de color gris, con encajes negros en los ribetes de las mangas y falda, era un vestido abombado, muy a los años 30. Se puso su collar de perlas, y finalmente se recogió el pelo para cubrirlo con el sombrero.

Se dirigió a la tienda de flores y compró un ramo silvestre. En la tienda de conveniencia, optó por un delicioso vino tinto de crianza, donde la madera cede al vino sus valores aromáticos. Un Torre Albèniz era el elegido, con fondo cereza madura, destellos rubí y ribetes yodados. Este vino tiene una interesante mezcla de fuerza y distinción. Final expresivo y aromático, largo, casi eterno. Igual que su plan.

Ya estaba todo listo, ahora solo hacía falta la dramatización en
plena calle, cerca del puesto de periódicos, donde él acostumbraba comprar su diario. Esto último era muy importante, pues sería el hilo conductor para que él se diera cuenta de lo que le había pasado. Nunca nadie pondría en tela de juicio lo que estaba por suceder, total, ella se consideraba agradable para conversar y le gustaba creer en la buena voluntad de las personas. Se sentía agradecida con Dios por darle un día más de vida, católica que no iba mucho a misa pero muy creyente, alegre y por lo general muy positiva. Cuando algo malo sucedía en su vida, como la separación de él, se descontrolaba, pero salía adelante y buscaba algo en que entretener su mente para sanar el corazón. Y en este momento, sabía que su entretención estaba por comenzar.

Empezó a aligerar el paso, en una mano llevaba las flores en la otra
la botella de vino en una bolsa de papel. Un par de lágrimas surcaron sus ojos, el rímel comenzó a correrse, ¡perfecto! La gente la quedaba viendo con cara de situación. ¿Qué le habría pasado a esa mujer tan hermosa y tan bien vestida? Sus pasos eran ahora un ligero correr, divisó una banca y se sentó, se quitó el sombrero y comenzó a llorar a moco tendido. Personas se agruparon alrededor de ella y le preguntaban que sucedía, ella por más que trataba de pronunciar palabras, no podía. La gente trataba de consolarla. Se levantó, y entre labios dijo: ¡he sido ultrajada!


Salió corriendo. Lloraba.

Llegó a casa, estaba tan compenetrada con el papel de "ultrajada"
que tuvo que echarse agua fría en la cara. Se volvió a maquillar,
descorchó la botella de vino y se cagò de la risa. Solo ver las
caras de las personas e imaginarse la de él cuando se enterara, era más que suficiente. ¡Qué fácil era dominar a alguien si uno se lo proponía!

De fondo sonaba una de sus canciones favoritas, en un disco de acetato:


Siento pena,
pena porque te quise de veras
rabia porque te di
lo que nunca
imaginaste un día tener
todo el mundo a tus pies

Siento lástima
porque yo se que aun
tu me extrañas
lo noto en tu voz
las veces que llamas
porque yo se que sufres con ella
aunque finjas ser fiel

Mira si yo te conozco bien
que me atrevería jurar
que no duras junto a ella
un fin de semana más
sin que extrañes en tu piel
todas mis caricias

Yo que te conozco bien
me atrevería a jurar
que vas a regresar
que tocaras mi puerta
yo que te conozco a ti
me atrevería decir
que estas arrepentido